Por: Nicolás Tupaz.

Más allá de su personalidad bipolar y carácter volátil, tal como lo definió Walter Isaacson, autor de su biografía: “un tipo brillante pero incompresiblemente maleducado, capaz de reclutar a la gente más talentosa pero reiteradamente ofensivo con ella”, el conocer, analizar y entender a Steven Jobs nos puede dejar una gran enseñanza.

Steven fue un personaje que transformó mentes, personas e industrias. Con la lectura de la biografía oficial, logré comprender algunos de los factores que hicieron de Jobs y Apple, un hombre y una empresa ejemplo en el mundo a nivel de innovación.

¿Cómo lo logró? con dos aspectos. El primero, entender que la innovación era trabajar y mejorar lo que ya existía pero teniendo siempre en cuenta la experiencia que quería brindarle al usuario. Jobs no creó el computador, no creó el teléfono celular y mucho menos el reproductor de música; simplemente mejoró y diseñó una experiencia a partir de procedimientos inspiradores, tanto para los empleados de Apple, como para los clientes.

Y segundo, promoviendo visiones enérgicas y arriesgadas en los empleados de Apple. Según Jobs, la innovación obliga a que la gente piense de manera diferente, a que se atreva, y a que conviva con un espíritu innovador.

Era simple, la clave de ese “Think different” que nos vendió Jobs radicó en percibir de manera distinta las cosas y ser perseverante a pesar de los problemas o errores. Con esto Jobs nos propone el reto de encontrar ese algo que queremos ser y hacer, encontrar ese punto de equilibrio para nuestra vocación.